Escuela de padres

En Montessori, conscientes de que los primeros educadores son los padres, contamos con múltiples recursos para su formación.

Son muchas las actividades que se organizan a lo largo del curso (Cursos de Orientación Familiar, Sábados Educativos, Retiros, Torneos...) encaminados a trabajar la formación integral de los padres. Por eso, en esta sección colgaremos documentos, artículos y material de interés para profundizar en los temas de actualidad que preocupan a los padres.

NIÑOS MIMADOS, ADULTOS DÉBILES

Suma escolar: padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.

Cuenta Eva Millet , la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan : esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos. En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: «La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton» . En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

En España, se habla de «educación en valores», pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, «ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito» . En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos. Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. «Yo he tenido a un chaval de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen », cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. «Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él».

COMO EN EL RUGBY

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter. «Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso», decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar. Suena a Si , el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.

"Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades que pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda"

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: «Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades». ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. «La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona », explica.

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: «Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada . Pasa también con los países». Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: «He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho».

En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: «Trabaja duro. Sé amable» , han resumido en los carteles enormes que decoran sus centros. En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores. Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo. Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. «La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo», la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.

(Fuente: Berta G. de Vega, diario El Mundo)

LA VIOLENCIA DE HIJOS A PADRES AUMENTO EN ESPAÑA UN 223% EN SIETE AÑOS

La violencia ejercida por los hijos menores de edad sobre sus padres ha aumentado un 223% en España desde 2007 a 2014 , según el informe 'Menores violentos ¿Un tema menor? Violencia filioparental y el uso indebido de las tecnologías', realizado por el Instituto Internacional de Estudios de la Familia The Family Watch, presentado este miércoles 1 de junio en Madrid.

Este tipo de violencia se ha convertido en un fenómeno en ascenso : las denuncias de padres han pasado de 2.683 en 2007 a 6.000 en 2014. El uso abusivo de las nuevas tecnologías juega un papel "dinamizador" de estas conductas violentas, pues a través de las cuales el menor pasa su ocio o mantiene relaciones interpersonales, según ha explicado la directora académica de este estudio, Sonsoles Vidal. La privación de las TIC por los padres como mera pauta educativa puede ser en ocasiones el detonante de un acto violento.

Vidal ha indicado que además de estos datos generales sobre el incremento de este fenómeno, procedentes de los informes de la Fiscalía General del Estado, se ha empleado una muestra para este estudio procedente de los casos atendidos en Madrid por los servicios municipales y autonómicos y de la Fiscalía autonómica.

Para ello, se han seleccionado 1.143 expedientes de reforma incoados a menores por delito de maltrato en el ámbito familiar, de los cuales se extraen 680 casos de niños y adolescentes con condena judicial por violencia filioparental. "Afecta a todas las capas sociales, sobre todo clases medias y altas , algo que puede parecer paradógico", ha subrayado la directora del informe.

Así, ha indicado que si se tiene en cuenta el dato de menores condenados por delitos similares en el ámbito familiar , "propiamente los sancionados por violencia filioparental no superan el 20 por ciento", aunque "eso no significa que sean pocos" porque existe "una cifra negra" de casos que no se denuncian.

Vidal ha explicado que el fracaso escolar como consecuencia de la falta de control parental, el consumo de drogas, la falta de límites por la ausencia de los padres y el uso de la tecnología, genera adicción, son las causas más relevantes de este tipo de violencia que ejercen los hijos sobre sus progenitores.

El 'botellón electrónico'

Para la responsable de este trabajo "se puede concluir que hay una falta de control parental obvio" porque "son adolescentes, pero menores de edad". Por ello, propone educar a los hijos la sociedad tecnologizada y entender las claves de "por qué los padres no llegan a controlar adecuadamente a los hijos". "Están solos en casa, hay horarios muy largos de trabajo, pasan mucho tiempo en la calle y su ocio pasa por la tecnología ", ha concretado.

Este consumo de tecnología en solitario da lugar al "botellón electrónico", según ha precisado Vidal, que también ha dicho que muchos de estos menores tienen una "niñera electrónica en casa" que no les controla. En el documento se indica además que los adolescentes pasan más tiempo con dispositivos digitales que con sus padres y hermanos y que existe una "normalización" de la violencia en pantalla.

La denuncia, un estigma

La vía judicial es el último recurso "cuando el problema no se puede atajar", según esta experta, que también ha insistido en que esto no puede suponer un "estigma" para las familias sino que "puede ayudar" a reconducir la situación. De hecho, ha indicado que el porcentaje de reinserción de estos menores condenados en la Comunidad de Madrid por malos tratos a sus padres es del 95%.

Acompañando a este estudio, en el que escriben artículos un total de trece expertos sobre la socialización de los menores, el deber de corrección de los padres, la patria potestad, la adicción a internet , la responsabilidad penal de los menores, entre otros temas, The Family Watch ha editado también una 'Guía de Intervención para Familias' con el objetivo de orientarlas en la prevención de la violencia filioparental o en cómo hacerle frente si ésta ya se ha producido.

"Queremos darle difusión a través de recursos públicos y privados y centros educativos de titularidad pública o privada porque el ámbito educativo es fundamental. Dar pautas muy concretas y esto puede ser de gran ayuda a las familias", ha explicado.

La directora general de The Family Watch, María José Olesti, ha subrayado que con este informe y guía su organización busca "reforzar el papel fundamental de la familia en la sociedad y conseguir que ésta siga siendo la mejor escuela en la transmisión de valores y el lugar más idóneo para que padres y madres puedan ser capaces de realizar su tarea educativa".

(Fuente: http://lainformacion.com)

MORDERSE LOS DEDOS EN EL WHATSAPP

Es signo de urbanidad y prudencia saber morderse la lengua para no decir lo que no hay que decir cuando no toca decirlo. En el arte de hablar, mejor es pecar de menos que de más (“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, decía Gracián). Y si se trata de hablar mal, mejor quedarse callado (“Procura que tus palabras sean mejores que tu silencio”, recomienda un proverbio chino).

Eso lo sabemos bien y lo intentamos aplicar: en múltiples ocasiones ponemos coto a nuestras palabras para no herir a los demás o para cuidar las relaciones sociales. Sin embargo, nos cuesta adaptar el buen sentido a las nuevas tecnologías. Como si usar un dispositivo electrónico nos eximiera de las responsabilidades que conlleva toda acción humana, como si enviar un correo electrónico no fuera lo mismo que remitir una carta certificada, como si hablar por el Whatsapp no fuera realmente hablar.

Paradójicamente, las nuevas tecnologías se adaptan mucho antes a nosotros que nosotros a ellas. En cierto modo, y sobre todo durante ese periodo de adaptación en el que todavía nos encontramos, nos alejan de nosotros mismos, de ese núcleo humano adonde ellas no pueden acceder, como es la moral y los sentimientos. Por eso, la técnica en general tiene un punto alienante, pues, si no la usamos correctamente, nos puede distanciar de lo que somos. Eso significa que en el uso de las nuevas tecnologías hemos de ser más finos y cuidadosos, como lo somos con un invitado que no es de la familia.

Y ocurre que lo que ha salido de nuestras manos, como los artefactos tecnológicos, se nos va con facilidad de las manos. Lo vemos continuamente, en especial, en una aplicación que usan millones de personas, como es el Whatsapp. El Whatsapp ha dado lugar a enfados, rupturas, acoso, malos entendidos, incluso a denuncias, como la que ha interpuesto el alcalde de la localidad madrileña de Casarrubuelos contra la directora del colegio público Tomé y Orgaz de su localidad con motivo de un chat de los maestros en el que había comentarios racistas y despectivos sobre padres, alumnos y otros docentes.

Pero el responsable no es el Whatsapp (o la tecnología en general), sino el mal uso que hacemos de él. Si ya nos cuesta mordernos la lengua, que la tenemos entre los dientes, más difícil es mordernos los dedos, que andan tan lejos y escriben de manera impulsiva. Justamente por eso, hemos de afinar la prudencia, contar hasta diez (como diez son los dedos), pensar lo que vamos a escribir antes de hacerlo y no decir nada que no dijéramos a quien se lo tuviéramos que decir de la manera conveniente.

Qué duda cabe que las nuevas tecnologías nos facilitan la comunicación, y qué duda cabe también que nos alejan de la prudencia, pues la calidad queda ahogada por la cantidad y la reflexión por la premura. Parafraseando a Aristóteles, podríamos decir que cualquiera puede escribir un whatsapp, eso es muy sencillo, pero enviarlo a la persona adecuada, con las palabras convenientes, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, eso ciertamente no resulta tan sencillo.

(Fuente: http://blogs.aceprensa.com/familiaactual/morderse-los-dedos-en-el-whatsapp/)

SÍNDROME DEL EMPERADOR O DEL NIÑO TIRANO: CÓMO DETECTARLO

En su mayoría son sólo adolescentes de entre 12 y 17 años, pero los hay menores, incluso muy pequeños, que se convierten en auténticos tiranos de la casa y tienen atemorizada a toda la familia, que, en ocasiones, acaba rompiéndose.

No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente… Son los protagonistas del llamado “síndrome del emperador” , un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad.

El ‘síndrome del emperador' o del ‘hijo tirano', cuando el maltratador es nuestro hijo

Los trastornos del comportamiento en los menores cada vez son más frecuentes, y, en concreto, el maltrato hacia los padres, conocido como el síndrome del emperador o del pequeño dictador o tirano.

El perfil del “pequeño tirano”, en palabras de ambos expertos, suele ser el de un varón de unos 11-17 años, hijo único, y de clase media–alta.

Este problema se caracteriza por un comportamiento agresivo (verbal o físico), y/o conductas desafiantes o provocadoras de ira en los padres y de violación de las normas y límites familiares; asimismo suelen presentar un alto nivel de egocentrismo, junto con una baja tolerancia a la frustración, empatía y autoestima.

Si bien es cierto que la ausencia de límites o un estilo educativo basado en atender todas sus peticiones son factores que pueden facilitar su aparición, es de vital importancia corregir la idea errónea de que la culpa es de los propios padres , no sólo porque puede generar obstáculos en el tratamiento, sino porque este tipo de violencia suele ser selectiva y no una constante de la personalidad, es decir, los menores pueden tener este comportamiento en la familia, y una conducta impecable en la escuela.

¿Cuáles son las razones?

Muchos padres se preguntan que han hecho mal, que ha ocurrido, que ha fallado… Los expertos señalan innumerables causas genéticas, familiares y ambientales que ayuden al desarrollo de este síndrome.

Algunos expertos consideran que ha habido un abandono de las funciones familiares, sobreprotección, hábitos familiares determinados por la escasez de tiempo, ausencia de autoridad , permisividad y, sobre todo, falta de elementos afectivos, como la calidez en la relación con los hijos.

Sin embargo, para otros expertos, aspectos familiares o sociales, como la permisividad o la ausencia de autoridad, no son suficientes para explicar este fenómeno.

Se tiende a culpar a los padres de este tipo de conductas por ser demasiado permisivos y protectores con sus hijos; aunque, también, influye el ambiente porque hoy los niños viven en una sociedad consumista, individualista y que prima el éxito fácil y rápido por encima de todo.

Además, puede existir una predisposición genética de carácter que explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones, sólo se ve afectado un miembro.

“Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento. La permisividad puede echar a perder a un niño (hacerse vago, juntarse con malas compañías, cometer delitos), pero si hay violencia es como resultado de un proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la adolescencia”, explicó.

Dificultad para desarrollar emociones

Entonces, ¿qué puede ocurrir en la personalidad de un niño para que llegue a agredir a sus padres? La clave está en que estos niños “son incapaces de desarrollar emociones morales (como la empatía, el amor o la compasión), lo que se traduce en dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones”.

La patología se manifiesta en niños y adolescentes con dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero, incapacidad para aprender de los errores y de los castigos y conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles.

“Son impulsivos, egocéntricos e incapaces de sentir culpa. Desafiantes, mentirosos y capaces de actos crueles”

Por ello, podemos decir que el “síndrome del emperador” tiene causas tanto biológicas (dificultad para desarrollar emociones morales y conciencia) como sociológicas, ya que, en la actualidad, “se desprestigia el sentimiento de culpa y se alienta la gratificación inmediata y el hedonismo.

“La familia y la escuela han perdido la capacidad de educación, y esto favorece que chicos con esta predisposición, que antes eran mantenidos por la sociedad, ahora tengan mucha más facilidad para exhibir la violencia”. Podríamos decir que el elemento decisivo son “las carencias más o menos claras en la adquisición de competencias personales”, agudizado por el hecho de que “el hijo ideal de los padres está en franca contradicción con los hijos sociales ideales definidos por la sociedad de consumo”.

La importancia de los medios en este factor es clave: “La televisión enseña valores muy hedonistas y consumistas y dificulta el aprendizaje del autocontrol, es decir, la capacidad de esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas que requieren esfuerzos. Los hijos tiranos ven en los medios muchas conductas y metas que son coincidentes con lo que ellos desean: pasarlo bien y hacer lo que quieran sin que nadie les obstaculice”.

Lo que para muchos es una falta de disciplina que se soluciona con un “cachete a tiempo”, es, sin embargo, un problema mucho más profundo que exige “ayudar a que el niño desarrolle una conciencia sólida; ésta es la mejor policía. Y ello se logra aplicando castigos razonables, pero firmes, y explicando las razones morales y prácticas que supone su mala acción. En los casos más graves es, por desgracia, casi imposible”.

Detectar síndrome del emperador desde el colegio

Como en cualquier trastorno, la detección a tiempo fundamental. Si se detecta a tiempo, y con el adecuado tratamiento psicoeducativo, la situación puede ser remediada. Para ello, es necesario que la familia al completo colabore y se preste al tratamiento , participando con los profesionales adecuados (sobretodo hacia la madre)

La única forma de eliminar estas conductas es con tratamiento especializado , tanto del niño como de la familia.

Las madres, principales víctimas

El perfil de familias que acogen a un niño o joven con el “síndrome del emperador” en España es variado. Sin embargo, los expertos coinciden en una mayor incidencia en las familias monoparentales.

“La mayoría de los casos se da en madres que vuelven a tener otra pareja”. Uno de los pocos estudios realizados al respecto es “La violencia de los jóvenes en la familia, una aproximación a los menores denunciados por sus padres”, elaborado por el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña.

Según estudios realizados sobre este fenómeno, la madre es la víctima en el 87 por ciento de las ocasiones que se produce este tipo de violencia, y que principalmente recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales. En el 13,8 por ciento de los casos, la intimidación se produjo con un cuchillo o un arma similar.

La edad media de los menores denunciados por este tipo de violencia es inferior a la de otros delitos. Mientras que en estos últimos es de 17.5 años, en el “síndrome del emperador”es de 16 años. Sus protagonistas, además, no suelen tener historial delictivo.

Características de los niños con el síndrome del emperador

Nos referimos con este nombre a niños que presentan una gran parten de las siguientes características como:

  • Se siente tristes, enfadados , y/o ansiosos.
  • Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
  • Baja tolerancia a la incomodidad , especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento,o la negación de lo que han pedido; entonces, la expresan con rabietas, ataques de ira , insultos y/o violencia.
  • Presentan escasos recursos para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas.
  • Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo .
  • Suelen tener una autoestima baja.
  • Carecen de empatía . No pueden, o no quieren, ver la manera en que sus conductas afectan a los demás.
  • Piden hasta el extremo de la exigencia . Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
  • Les es muy difícil sentir culpa o remordimiento por sus conductas.
  • Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.
  • Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.
  • Buscan constantemente atención , y cuanta más se les da, más reclaman. Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno.
  • Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las figuras de autoridad ni a las estructuras sociales establecidas.

Detección precoz

Tanto fiscales como psicólogos subrayan la importancia de detectar precozmente el problema y pedir ayuda especializada, que probablemente incluirá una terapia familiar. Muchos “Al principio siempre piensas que es algo que se arreglará, no imaginas que acabe derivando a problemas tan graves”

Los tres síntomas fundamentales, que pueden dar pistas a los padres y que se observan en la segunda infancia (6-11 años) son

- Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etc.) auténticas; ello se trasluce en mucha dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.

- Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres no parece que sirvan regañinas y conversaciones: él busca su propio beneficio.

- Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades”. “Hay que actuar en cuanto se ve que el niño apunta maneras”, dice desde la oficina del Defensor del Menor, que lanza un mensaje esperanzador: “Existen buenos recursos para el abordaje de esta causa; los servicios sociales dan buena respuesta, también se puede acudir a un médico de cabecera o a un orientador escolar para pedir consejo”.

(Fuente: www.centroadiccionesbarcelona.com)

LOS NIÑOS CON SMARTPHONES O TABLETS EN LA HABITACIÓN TIENEN PEORES HÁBITOS DE SUEÑO

Un smartphone en la habitación de un niño provoca unos malos hábitos de sueño incluso más que la televisión. Las pantallas pequeñas presentan una problemática particular porque proveen acceso a una amplia variedad de contenido, como juegos, videos, sitios web y mensajes de texto, se pueden usar en la cama y retrasar el sueño. También emiten notificaciones audibles de los mensajes entrantes que podrían interrumpir el sueño.

Para este estudio, los investigadores se centraron en los hábitos de sueño de 2.048 niños de ambos sexos. A todos les preguntaron sobre los dispositivos electrónicos en la habitación, a qué hora se acostaban, a qué hora se levantaban y cuántos días habían sentido que necesitaban dormir más durante la semana anterior. Mientras que los niños con una televisión en la habitación dormían 18 minutos menos al día en comparación con los que no tenían una televisión personal, esa cifra aumentaba a 21 minutos entre los niños que dormían cerca de un smartphone . Acostarse con un smartphone disponible también se vinculó con un horario para dormir más tardío que tener una televisión en la habitación: 37 minutos más tarde, frente a 31 minutos.

El estudio concluye que los niños que dormían con un smartphone eran más propensos a sentir que necesitaban dormir más tiempo. Esa percepción de un sueño o un descanso insuficientes no se observó entre los niños que sólo tenían un aparato de televisión en la habitación.

(Fuente: http://www.neurologia.com/)

ME NIEGO A SER LA AGENDA DE MI HIJA POR EL WHATSAPP…

Recuerdo la primera vez que envié y recibí los deberes que se había olvidado Enma por el grupo de whatsapp de las "madres" del cole.

“¡Qué maravilla esto!” pensé inocente de mi sin saber entonces que se iba a convertir en un monstruo que me engulliría en una vorágine de mensajes a partir de las 6 de la tarde con listado de tareas unido a mil fotos de los libros, ejercicios…que me saturaban el espacio del teléfono y cuando tenía que hacer una foto me decía: “memoria llena”.

El día que VI LA LUZ lo recuerdo con bastante claridad. Fue así...

Enma: “mamá se me ha olvidado la hoja de los ejercicios de matemáticas, ¿lo dices en el grupo y que te lo manden?”.

Yo como madre solícita, amantísima y servicial me dispuse a hacerlo mientras dejaba las llaves en la entrada, soltaba el bolso en la silla, me sacaba el teléfono del bolsillo y dejaba la bolsa de la compra en el suelo. ¡”Multitasking” en acción!

Entonces algo me paralizó. Fue algo así como UN BOFETÓN DE REALIDAD. Me quedé mirando el teléfono a la vez que veía varios emails de clientes parpadeando en la pantalla y entonces COMPRENDÍ.

Pero ¿qué narices estoy haciendo? pensé. SE ACABÓ.

.- Enma cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán.

.- Pero ¡¡¡mamá!!!! ¡¡me pondrá mala nota!!!!!

.- No pasa nada, la próxima seguro que ya no te la pone.

.- Y ¿por qué no lo pides al grupo CON LO FÁCIL QUE ES ?

Pues precisamente porque ese grupo no está para ser el paralelo de tu agenda sino para cosas urgentes del colegio. Tú no debes confiar en que el móvil de tu madre responda a tus olvidos ya que, es tu responsabilidad traer tu agenda con tus ejercicios. Yo tengo mi agenda y no te pido a ti que me recuerdes si tengo que responder a un cliente, si tengo que preparar un material….así que cada uno debe asumir su parte.

Agendas madre e hija

Mi agenda y la de Enma

Lo entendió perfectamente y ya nunca más me ha pedido nada de eso a pesar de los olvidos que, tengo que decir, son bastante frecuentes.

¿Qué estamos consiguiendo con ser agendas o ayudantes particulares en todo momento de nuestros hijos? Lo de los deberes eternos en casa es otro tema (tengo muchos debates sobre deberes SÍ o deberes NO), voy al tema particular de asumir todo movimiento que hacen nuestros hijos como si fuéramos los ángeles protectores perpetuos tengan la edad que tengan.

Lo que conseguimos es básicamente esto y la lista daría para mucho:

  • Niños que no asumen ningún tipo de responsabilidad para su edad.
  • Niños que les da miedo hacer cualquier cosa porque tienen nuestros ojos encima por si se equivocan, porque nosotros se lo vamos a hacer mejor.
  • Niños que prefieren poner la atención en otras cosas, porque para éstas “ya está mamá”.
  • Niños que cuando crezcan solo esperarán instrucciones y órdenes para empezar a actuar. ESTO ES CLAVE.

Una de las competencias que más trabajo con diferencia en empresas en formaciones y talleres además de ponencias, es la PROACTIVIDAD E INICIATIVA. Se trabaja también desde la competencia del conocimiento personal, conocimiento de fortalezas y autoconfianza por lo que si no “practicamos” con estas pequeñas cosas desde pequeños, no esperemos que lo hagan de mayores “señores futuros empresarios que van a contratarlos” (sí, los adultos que leéis, ¿qué pedimos en los trabajadores o en nuestros compañeros de trabajo? Esto mismito..).

- No me debo sentir como mala madre si no hago de agenda, me comporto como madre irresponsable si no educo para que mis hijos sean independientes y autónomos,

- No me debo sentir como mala madre por no sentarme con ella/ellos a hacer los deberes, me comporto como madre irresponsable si no les brindo ayuda o apoyo emocional y de empuje cuando tengan realmente grandes dificultades.

- No me debo sentir como mala madre por no estar supervisando absolutamente TODO paso que realice mi hija (el peque en este tema todavía no llega, seamos conscientes de las edades), me comporto como una madre irresponsable si desconozco dónde se mueve y con quién se mueve mi hija , que tiene cierto matiz diferente.

Hay estrategias de sobra para trabajar con ellos a estas edades, venga ánimo, que tenemos que hacer generaciones mejores que la nuestra , es fácil con un poco de reflexión y confianza.

(Fuente: Blog Noelia López-Cheda)

PADRES HIPERPROTECTORES, HIJOS SIN AUTONOMÍA

Los padres quieren lo mejor para su prole, pero a veces el instinto de protección es tan intenso que acarrea consecuencias negativas. La nueva hiperpaternidad ve a los hijos como seres intocables, que tienen más miedos que nunca.

En el 2008 Álex, un profesor universitario de Barcelona, visitó Estados Unidos por motivos de trabajo. De aquel viaje no se le olvidará nunca esta escena, que tuvo lugar en una librería de Washington, la capital. “Estaba con Núria, una colega, y caminábamos por un pasillo entre las estanterías. Había un niño, de unos once años, ojeando un libro, que nos bloqueaba el paso y Núria le tocó el hombro, levemente, para apartarlo”. Fue un gesto casi automático, de hecho, el niño “apenas se dio cuenta”, describe Álex: “Pero la madre… ¡Ella sí se dio cuenta!”, recuerda. “Apareció de repente y se puso a gritarle a Núria como una posesa, diciéndole que cómo se atrevía a tocar a su hijo y, que si lo volvía a hacer, iba a llamar a la policía… Nos quedamos de piedra”.

Una situación similar la vivió en Nueva York el escritor y periodista David Sedaris. La relata en su último libro, Let's explore diabetes with owls (Little Brown), e implica también tocar ligeramente por el hombro a un niño. En este caso, un adolescente que había estado grafiteando un buzón de la calle mientras sus padres hacían la compra en un supermercado. Cuenta Sedaris que, ante aquel acto incívico, un vecino posó su mano sobre el hombro del chico y empezó a llamarle la atención. Cuenta también Sedaris como, al escuchar los gritos, emergieron del supermercado los padres de la criatura, quienes corrieron junto a su retoño. No se inmutaron, sin embargo, al oír lo que éste había estado haciendo mientras ellos compraban. Se limitaron a encararse con el hombre (quien seguía posando ligeramente la mano sobre el hombro del adolescente), y le espetaron, indignados, lo siguiente:

–¿Quién le ha dado a usted derecho a tocar a nuestro hijo?

El hombre, un poco confundido, les explicó lo que su hijo había estado haciendo con un enorme rotulador, que yacía ahora a sus pies, pero los pro­genitores continuaron, indignados:

–No me importa lo que hacía mi hijo –le dijo la madre–. Usted no tiene derecho a tocar a mi hijo. ¿Quién se ha creído usted que es?

Y acto seguido, indicó a su marido que llamara a la policía, cosa que, cuenta Sedaris, el marido ya estaba haciendo.

La hiperpaternidad es un modelo de crianza originado en Estados Unidos, basado en una incansable supervisión por parte de los padres sobre los hijos, que se ha importado con éxito a Europa. Y a las ya conocidas variedades de los padres helicóptero (que sobrevuelan sin tregua las vidas de sus retoños, pendientes de todos sus deseos y necesidades) y de los padres apisonadora (quienes allanan sus caminos para que no se topen con dificultades) se les ha añadido la de los padres guardaespaldas: progenitores extremadamente susceptibles ante cualquier crítica sobre sus hijos o a que se les toque.

Ignasi, profesor de educación física, con casi treinta años trabajando con críos, ha vivido en primera persona esta última versión de los hiperpadres. El año pasado era el coordinador del equipo de monitores de una escuela pública de Barcelona, un trabajo que dependía del ampa (la asociación de madres y padres). Un empleo que ya no tiene desde que un mediodía llamara la atención a un grupo de niños por su mal comportamiento. “Después de comer hacíamos rotación de zonas de recreo: unas clases iban a la pista de fútbol, otras al patio, otras al gimnasio…”, explica Ignasi. “Allí había empezado a trabajar un monitor nuevo, así que fui a ver cómo iban las cosas”. Al abrir la puerta, vio que las cosas no iban bien: niños y niñas descontrolados, saltando como posesos, jugando a la pelota, los zapatos tirados por todas partes… El griterío era ensordecedor e Ignasi los mandó callar a todos de inmediato: “Les dije que pararan –recuerda– y que no sabía si estaba entrando en el gimnasio de la escuela o en la matanza del cerdo de mi pueblo”. Los niños callaron pero, dos días después, el ampa recibió una carta de un grupo de padres y madres indignados, denunciando que Ignasi había llamado “cerdos” y “animales” a sus hijos. “Cuando me pasaron la carta, mi primera reacción fue no creer lo que leía”, recuerda. “Después pensé que quizás no había transmitido bien el mensaje a los niños y que ellos no lo habían transmitido bien en casa, así que propuse una reunión con los padres, para explicarme”.

La reunión, muy concurrida (“Ojalá en una reunión informativa de la escuela o del ampa se presentaran tantas familias”, apostilla Ignasi), no fue bien. “Aunque hubo algunos padres conciliadores, ganaron los reivindicativos, quienes estaban convencidos de que había llamado “cerdos” a sus hijos”. Ignasi ya no está en la escuela después de esto: “El ampa recibió tanta presión que decidí irme. Fue un acoso y derribo”, concluye.

Del asunto, saca varias conclusiones. La primera, que cada vez hay menos límites por parte de los padres: “Nos creemos capaces de poder actuar sobre todo, de criticarlo todo, de hablar sobre todo… Y es cierto que siempre ha sido así pero, la diferencia es que ahora somos capaces de actuar, hay más medios para hacerlo, y las redes sociales son uno de ellos”. También ha detectado que la influencia de los progenitores es cada vez mayor en las escuelas, en especial, en aquellas con ampas potentes. “Los padres cada vez están más involucrados en los colegios, lo que, aunque es bueno en muchas cosas, puede también provocar malas dinámicas”, señala. Porque pese a su labor positiva, las ampas a veces también pueden ser plataformas para que haya progenitores que hagan lo que ellos quieran. “En una escuela en la que trabajé, el comedor lo llevaba el ampa, y había una madre que se metió en la organización simplemente para diseñar el menú para sus hijos, en base a lo que les gustaba a ellos y lo que no”.

Samantha Biosca, tutora de ESO y bachillerato en una escuela privada de Barcelona ya desaparecida, también se ha encontrado con este tipo de padres guardaespaldas durante sus quince años como docente. “En varias ocasiones me han dicho, tal cual, que ‘no les iba bien' que castigara a su hijo a quedarse un viernes por la tarde a recuperar deberes, porque se iba de fin de semana, o que no aceptaban que les hubiera confiscado el móvil en clase”. También recuerda como, en unas convivencias, cuando quiso enviar a casa a un adolescente al que pilló fumando porros, la respuesta del padre fue un contundente: “Ni se te ocurra. Mi hijo se queda. He pagado las colonias”. Este tipo de intervenciones, asegura, han ido aumentando en los últimos años. “Los niños son cada vez más intocables: saben que pueden hacer lo que les da la gana y que no les pasará nada, porque tienen detrás a sus padres, quienes los protegen de lo que sea. Se ha ido perdiendo el respeto por la figura del maestro: se nos ha ido desautorizando. La culpa siempre la tienen los otros”, lamenta. Una actitud que, comenta, no deja de ser sorprendente: “Porque los padres hoy están muy desorientados y algunos no tienen, literalmente, el tiempo de educar”. Y, aunque señala que muchos aún confían en el maestro, cada vez son más los que lo cuestionan, incluso con gran virulencia: “Y yo, como muchos otros docentes, estoy dispuesta a luchar para educar a los niños, pero los padres nos han de dar el poder para ello. Si nos desautorizan, si no vamos a la par… ¡Acabamos!”.

Para Samantha, quien se ha especializado en coaching para adolescentes, esta crianza hiperprotectora deriva en “niños tiranos” que, paradójicamente, lo tendrán difícil en la vida como adultos debido a la excesiva supervisión paterna. Ignasi también cree que el excesivo respaldo paterno es contraproducente porque, unido a la ya habitual falta de límites, produce personas que creen que ­tienen muchos derechos pero ningún deber, con el coste que ello implica para la sociedad.

Encima, los niños sobreprotegidos tampoco lo pasan bien durante la infancia. En parte porque tanta protección, tantos parachoques, hacen que los miedos los inunden, ya que no han tenido que enfrentarse a ellos. De ello da fe Cristina Gutiérrez Lestón, codirectora de La Granja Escola de Santa Maria de Palautordera: un centro de colonias a las faldas del Montseny especializado en educación emocional, por el que pasan cada año más de diez mil alumnos. “En los treinta años que llevo de profesión juro que nunca había visto tantos niños con tantos miedos. Nunca”, remarca. “En los últimos cinco años ha sido brutal. Hay miedos a todo y miedos fuertísimos, de parálisis: miedo a sacarse la chaqueta, a decir no, a decidir, a la comida, a los animales… También hay una acuciante falta de autonomía que veo que, como los miedos, está causada por la sobreprotección”. Sobreprotecciones como aquella niña a quien, descubrieron, su madre le daba el antitérmico Dalsy cada vez que le lavaba el pelo (para que no se resfriara) o el elevadísimo porcentaje de niños y niñas de segundo de primaria que todavía usan pañal por la noche porque, para los padres, “todavía no están preparados para sacárselo”.

Y los niños criados así, entre tantos algodones y amortiguadores, continúa Cristina, tienen “muchos miedos y muy exagerados: miedo a uno mismo, a no tener amigos, a perder, a cosas que te sorprenden: ¡Hay niños que no vienen aquí por miedo a que les pongamos para comer algo que no les guste!”. Son niños evidentemente sin autonomía, algo que en un futuro pasa factura: “Porque el miedo provoca que uno no pueda ser uno mismo y a partir de esto empiezan otros problemas más serios: la falta de identidad, la tolerancia cero a la frustración…”.

Cristina, que acaba de publicar un libro sobre educación, Entrena'l per a la vida (Plataforma), entiende el instinto de protección hacia los hijos. Es algo natural: la inseguridad , el miedo y las ansias de protegerlos son sensaciones que existen entre la mayoría de los padres. Sin embargo, esta pedagoga cree que es fundamental preguntarse quién va a educar al hijo o la hija, los padres o los miedos de los padres: “El problema es que no podemos esconderles las piedras en el camino porque las piedras están ahí; el mundo está lleno de dificultades”. Por ello, insta a los padres a que, “si hay piedras, se las enseñen”, y si el hijo o hija se caen, “miren cómo se cae y le ayuden a levantarse, pero que no impidan a toda costa que se caiga, porque en la vida hay que saber levantarse. Los padres tienen que saber que sobreproteger es desproteger”, concluye.

(Fuente: La Vanguardia)

EVITAR LA SOBREPROTECCIÓN

Los padres deben evitar sobreproteger a los hijos y fomentar su autonomía

Maria Jesus Alava

M.Jesús Álava, psicóloga clínica experta en educación

La sobreprotección de los hijos en la que muchas veces caen los padres actuales y sus efectos sobre el desarrollo de los niños es una de las situaciones más comentadas en materia familiar y educativa en nuestros días, que también ha tenido cabida en la jornada Gestionando hijos. Saber más para educar mejor , organizada en Madrid por la empresa Educar es Todo.

Esta firma, dirigida por Leo Farache , tiene por objetivo mejorar la comunidad educativa a través de propuestas, acciones, productos y servicios que favorezcan la participación activa e inteligente de las empresas y de los medios de comunicación en temas relacionados con la educación.

La investigadora canadiense sobre educación infantil Catherine L'Ecuyer, abordó en su conferencia el tema de su último best seller , Educar en el asombro , como clave del deseo por el conocimiento de los niños , la curiosidad por descubrir el mundo y la motivación por el aprendizaje .

Eva Bach, maestra y escritora, compartió con los asistentes un decálogo de buenas prácticas para que los padres mantengan las mejores relaciones con el centro de estudios de sus hijos y sus docentes , de cara a contribuir a una actitud de los niños y adolescentes hacia la escuela.

La sobreprotección de los niños les perjudica

María Jesús Álava fue la encargada de analizar el tema de la sobreprotección de los hijos. Experta en la materia, lleva más de 30 años dedicados a la psicología clínica, educativa y de empresa. Es especialista en coaching ejecutivo, recursos humanos, psicodiagnóstico y psicoterapia, y dirige el Centro de Psicología Álava Reyes y la empresa Apertia Consulting. En este centro trabaja junto a su sobrina Silvia Álava , experta también en la materia y autora del libro Queremos hijos felices.

María Jesús, licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y autora de numerosos libros de los que se han vendido cientos de miles de ejemplares, explicó a los más de 700 asistentes a la jornada que la sobreprotección consiste en no dejar hacer a los hijos aquello para lo que ya están capacitados.

Algo que tiene consecuencias sobre ellos, porque impide que adquieran una mayor autonomía, les hace desarrollar menos competencias emocionales y les vuelve menos seguros y probablemente más infelices . Se encontrarán con niños sin recursos, sin habilidades, más vulnerables, impidiendo que aprendan a tolerar las pequeñas frustraciones del día a día y fomentando que carezcan de la motivación y la autodisciplina suficientes para conseguir lo que quieren. Esperarán a que sea el adulto quien siempre les resuelva las situaciones y no desarrollarán sus propias estrategias.

Tres tipos de padres

Álava explicó que existen tres tipos de modelo educativo en los padres. El autoritario , que se caracteriza por una disciplina coercitiva, represiva, con una alta exigencia y escasa comunicación y expresión de afecto. El estilo permisivo , con poca consistencia en las pautas y normas, aunque con alta comunicación y expresión de afecto. Y el equilibrado , que tiene normas claras establecidas según la edad de los niños, con alta comunicación y expresión de afecto y una postura de firmeza en los padres.

Estos estilos educativos inciden en el desarrollo de las competencias emocionales de los niños. Según un estudio de Remedios González Barrón, Ana Ordoñez, Inmaculada Montoya y Carmen Mateu, de la Universidad de Valencia , los niños que percibían a sus padres con un estilo educativo equilibrado fueron los que desarrollaron un nivel más alto en su inteligencia emocional, mientras que el grupo de menor competencia emocional percibe a sus padres con el estilo permisivo. Y una conclusión: para el desarrollo de las competencias emocionales es importante que haya un clima de relaciones familiares de calidad.

María Jesús Álava recomendó a los padres aprovechar con su hijos el tiempo libre del que dispongan especialmente los fines de semana y no centrarse en aquello que no pueden hacer con ellos sino en lo que sí pueden hacer.

También advirtió de los efectos perniciosos de satisfacer sus necesidades en exceso: no dejar que se frustren, que sufran, que se queden sin algo que les guste o que luchen por sus objetivos será más perjudicial que beneficioso.

Recomendaciones para evitar la sobreprotección

  1. Permitamos que el niño se enfrente a sus dificultades desde pequeño.

  2. Debemos fomentar que aprenda a pensar por sí mismo.

  3. Que haga actividades con otros niños en los que los adultos no estén siempre encima.

  4. Es importante no darles todo lo que pidan . Estamos pagando, piensa Álava, vivir en una sociedad donde todo se les regala, lo que impide que den valor a las cosas primero y después a las personas.

  5. Los niños tienen que tener con sus padres un vínculo que les aporte seguridad y estabilidad. Pero un vínculo sano , no de absoluta dependencia .

Recomendaciones para facilitar la autonomía

  1. Los niños tienen que aprender a valerse por sí mismos, les gusta saber hacer las cosas ellos solos.
    Los niños poco autónomos son más inseguros y más infelices, y dependen en todo momento de sus padres, tanto en el plano emocional como para satisfacer sus propias necesidades. Son vulnerables, influenciables y dependientes de su entorno.

  2. Es importante que los padres les muestren el valor del esfuerzo, de la constancia y del tesón.
    Hay que trasmitirles nuestra confianza, mostrándonos seguros ante sus posibilidades. Que note que sus padres creen en él, para que él crea que lo puede conseguir.

  3. Establecer pequeños retos y objetivos que saben que sí pueden conseguir para que cada vez sean más autónomos.
    El adulto supervisará la acción del niño y le corregirá, propiciando que utilice el razonamiento. Se trata de educar niños responsables, autodisciplinados, que mantengan la constancia y luchen por conseguir sus objetivos.

  4. Deben aprender a jugar solos , aunque en un primer momento los padres pueden dejarle el juego dirigido.

  5. Las cosas de los niños, siempre que sean de la misma edad, las tienen que resolver entre ellos, sin que los adultos se metan en medio.
    Hay que ayudar a los niños a superar las situaciones, no solventárselas. Resolverles el conflicto es caer en la sobreprotección. Se impide que sean ellos los que desarrollen las habilidades necesarias para solventar sus dificultades y corremos el riego de que se conviertan en dependientes, incapaces de solucionar sus propios problemas en el futuro. Necesitan aprender y entrenar para lidiar con el resto de las situaciones conflictivas que se darán en las relaciones sociales a lo largo de toda la vida.

  6. Los niños están preparados para hacer las cosas solos desde bien pequeños.

    1. No le des de comer; que coma solo aunque se le caiga.

    2. No le vistas, aunque tarde más, que lo haga solo.

    3. No lleves la sillita de paseo si ya tiene edad para no ir en ella.

    4. Quítale al pañal cuando corresponde aunque en ocasiones se le escape.

    5. El chupete es algo de bebés, un niño de tres años no debe usarlo.

    6. Que desayune en taza, no en biberón.

Qué pueden hacer los padres

  1. Hay que enseñarles a frustrarse , no facilitarles el acceso a todos los privilegios. Si aprenden que hay que ganarse las cosas se fomenta la cultura del esfuerzo.

  2. Implicar a los hijos en la dinámica de casa .

  3. Aunar criterios entre los padres, y adaptar también los patrones educativos también entre éstos y los profesores.

  4. Darle importancia a la comunicación. No sólo se trata de hablarles, sino sobre todo de escucharles.

  5. Dejar de sentirse culpables. Los niños aprenden por imitación, por lo que deben ver a los padres seguros y positivos.

  6. Aprender a poner normas eficaces: en función de la edad de los hijos.

LOS GRUPOS DE WHATSAPP DE MADRES Y PADRES

He visto conversaciones en Whatsapp que no creeríais. Riñas, cotilleos, recriminaciones y hasta amenazas judiciales... Casi siempre de espectadora pasiva e incrédula. En todo tipo de grupos. Pero si de algún lugar quiero escapar últimamente y aún no me he atrevido es de los grupos de Whatsapp de madres y padres del colegio: lo peor de los últimos años .

Porque si la comunicación pierde muchos sentidos cuando no estamos cara a cara, cuando en el grupo no conoces verdaderamente a muchos de los participantes puede haber malentendidos, presuposiciones y, lo que más me molesta, mensajes inoportunos, bien por el tema, bien por las horas... Porque, ¿qué pintan las cadenas o los chistes típicos en un grupo de Whatsapp del colegio?

¿No era un grupo del colegio? Para otros temas ya tenemos otros grupos, los de amigos, familiares, compañeros del trabajo... gente con la que tienes confianza y compartes de una manera diferente.

Responsables absolutos de los niños

Otra cuestión que no me gusta de los grupos de Whatsapp del colegio es que los padres se alzan como controladores absolutos de lo que tienen o no tienen que hacer los niños para el colegio. Me refiero a los "deberes" o trabajos, a las fichas, a los proyectos... Ya cuando crecen y empiezan a tener exámenes, circulan todo tipo de mensajes sobre lo que entra o no entra para la prueba y, de verdad, es estresante.

Te das cuenta de que la mayor preocupación es que a los niños no se les pase nada, pero, ¿no tienen ellos algo que decir? ¿No son responsables de lo que les piden en el colegio? ¿Alguien nos ha pedido a los padres que nos ocupemos de eso? Que no digo yo que nos despreocupemos de lo que tiene que hacer los peques, pero, ¿por qué no preguntarles a ellos primero?

Parece que todas las respuestas están en el grupo de Whatsapp, pero por mi experiencia muchas veces las cosas se lían aún más... Puede venirnos bien para recordar la hora de la reunión del cole si es que hemos extraviado la notita, pero, ¿de verad hay que preguntar todos los días si no hay deberes de mates o hasta qué página tienen que hacer de lengua?

Y luego, cuando algo de los deberes es un poco confuso o no se sabe la respuesta, también se consulta por Whastapp . ¡Les hacemos los deberes nosotros! Incluso cuando queramos ayudarles (yo soy la primera que echo un vistazo), ¿de verdad no hay otros métodos para intentar hallar la solución?

¿Qué harán nuestros hijos cuando vayan al instituto y tengan deberes más complicados? ¿Esperar a que se los resolvamos nosotros por Whatsapp? Me temo que para entonces ya tendrán ellos su propio grupo de Whatsapp, pero preferiría que tuvieran las herramientas necesarias para resolver sus dudas a través de otras fuentes...

Por ahora, prefiero que mis hijas no lleven los deberes un día o no los lleven al completo y las maestras les digan lo que tengan que decirles, seguro que van tomando responsabilidades y dándose cuenta de sus errores. No tenemos que anticiparnos a todo y, por el contrario, sí favorecer que sean autónomos.

Cuando son pequeños, en la guardería, es otro tema, pero conforme crecen los niños tienen que saber que tienen ciertas obligaciones, y nosotros apoyarles y ayudarles en lo que necesiten, pero no dárselo todo mascado. Han de entender que tienen nuestro apoyo pero también ciertas responsabilidades, pequeñas, a su nivel . Y que son capaces de ello.

Madres del cole, ¿y los padres?

Uno de los grupos del cole en los que participo es solo de madres. Al principio, insinué que si es que los padres no se hacían cargo de sus niños, si no les interesaba lo que pasaba en el colegio. Porque vamos, padres sí que van a las reuniones o a recoger a sus niños... Pero se hizo oídos sordos.

De algún modo, este tipo de grupos me parece que perpetúan cierto machismo , porque ni la educación de los niños es solo del colegio ni, por supuesto, solo de las madres. Creo que los padres tienen todo que decir en este sentido, por eso me molesta mucho este tipo de grupos, que sé que abundan.

Lo mismo sucede con las quedadas que se suelen hacer. Madres y profesora (que cuando puede se escapa). ¿Y los padres? Ni siquiera los niños son tomados en cuenta para quedar fuera del cole, para divertirse un rato juntos, en otro entorno. En ese caso me apuntaría pero, de momento, no he ido a ninguna de esas quedadas... Seré la rara del grupo.

Eso sí, gracias a la profusión de mensajes y fotos del evento, parece que lo vivas en directo... Y si no has podido en el momento, ya verás los cientos de mensajes más tarde. En ese sentido, reivindico los "subgrupos" que se hacen para no molestar a la mayoría, cuando el tema (léase quedadas, cumpleaños...) no implica a todos.

Enfrentamientos entre padres

No hay peor cosa que asistir al enfrentamiento entre dos personas a través de la mensajería instantánea. Puede ser porque tu hijo ha hecho esto o lo otro, porque yo estoy a favor de los uniformes y tú no, porque pensamos diferente... Los motivos son múltiples, y aunque podemos no estar de acuerdo, el respeto es fundamental. Nunca escribas en un mensaje lo que no dirías a la cara. Y piénsatelo dos veces.

Con este panorama, no es de extrañar que algunos colegios hayan pedido un uso responsable y respetuoso de este medio de comunicación. Creo que aún queda mucho camino por recorrer en la mayoría... y en lo referido al respeto también se pierde en el apartado que comento a continuación.

Chascarrillos y críticas por doquier

Atención, que si aún no te han incluido en el grupo de Whatsapp puedes estar siendo objeto de todo tipo de chascarrillos por parte del resto. Tú o tus hijos. Yo que participo en dos grupos, uno por cada clase de mis hijas, he podido ver cómo en uno de ellos se ha despellejado a ciertas compañeras que después se sumaron al grupo. Este tema me da una vergüenza ajena tremenda y creo que debería haber hecho como alguna de las madres en aquel momento: salirme del grupo.

Pero lo vas dejando pasar y ahí estoy. En ese mismo grupo he asistido a bochornosos enfrentamientos por no haber pagado la cuota del cole, respuestas rotundas sobre tal o cual estado económico familiar y tristes respuestas que no tienen por qué hacerse públicas. Por suerte, este año se ha advertido: las que tienen que avisar a los papás que falten por pagar son las señoritas.

Estoy viendo el siguiente paso: comparar notas de exámenes, trabajos manuales... la competitividad que cada vez nos envuelve más, pero ¿de verdad pensamos en los valores que les inculcamos a nuestros niños?

Por otro lado, con unas cuantas maestras que han pasado por la vida de mis hijas, también he podido asistir alguna vez (por suerte casi nunca ha habido motivo) a un ataque contra ellas, las docentes. Que si dicen esas cosas por Wathsapp, qué no dirán en casa delante de sus niños. Pienso que podemos estar en desacuerdo con los métodos de determinados docentes, pero mejor hablarlo directamente con ellos, sin perder el respeto como parece que se hace a través del móvil cuando no nos leen.

Y ya, el colmo, no es cuando se habla de los métodos, sino de la persona en sí, si es más o menos simpática, si viste de un modo u otro...

No me extraña que haya maestros o maestras que al principio de curso digan que no va a dar el teléfono móvil a los padres . El "acoso" al que se verían sometidos no es poco... aunque seguro que, al menos, no los criticaban porque eso viene mucho mejor hacerlo cuando no se enteran. Solucionado: un grupo paralelo.

Yo, tal vez en otra vida, también negaría mi número de teléfono para estas cosas. Pero ahora es demasiado tarde... y me he visto sumergida en los peores grupos de Whatsapp del mundo: los de los padres y madres del colegio .

(Fuente: www.bebesymas.com/categoria/ser-padres)

UN DIVERTIDO JUEGO DE MOTIVACIÓN A LA LECTOESCRITURA

Una estupenda manera de motivar a los niños en el aprendizaje del proceso de lectoescritura es proporcionarles actividades divertidas que impliquen la necesidad de leer y escribir en su desarrollo de las mismas. Uno de estos juegos es el del Mensaje misterioso. Les encanta.

Para preparar el juego necesitamos en primer lugar preparar un “buzón de correos” con una caja de cartón y vuestra imaginación, aunque también podéis pedir ayuda a los niños para decorarlo (podéis buscar fotos de ciudades del mundo y pegarlas en él), es la mejor manera de que se impliquen en la actividad y estén deseando jugar. No os olvidéis de hacer una ranura por donde entrarán las cartas, y una pequeña “puerta” por donde las recogeremos. Por otro lado prepararemos una gorra en la que escribiremos cartero y una bolsa de tela para llevar los mensajes.

Una vez lo tenéis todo listo, ya solo queda explicarles a los niños en qué consiste la actividad, pero antes les explicaremos un cuento sobre un cartero despistado que siempre se equivocaba de destinatario, hasta que un buen día llegó una carta con un mensaje secreto que era para un hada, lo llevó a una escuela donde los niños (que estaban aprendiendo a leer) lo leyeron y entonces vino el Hada de las letras desde el Mundo de los Cuentos y les explicó muchas historias fantásticas (podéis inventaros otra historieta cualquiera, el caso es que los niños entren en la actividad). A partir de la historia propondréis a los peques que escriban mensajes “misteriosos” a sus amigos y los metan en el buzón. Nombraréis un cartero (cada vez uno diferente o incluso varios en la misma sesión de juego para que todos vayan leyendo los nombres) que recogerá las cartas del buzón y “esperemos que no se nos despiste” y los entregue al compañero que indique el sobre para que pueda leer el mensaje secreto.

Los mensajes pueden consistir en una breve frase del tipo: soy tu amigo/a, me gusta jugar contigo, eres muy simpático/a, etc, siempre cosas positivas que además nos ayuden a trabajar su autoestima. Además pueden ir acompañadas de algún dibujo. La complejidad de los mensajes dependerá del nivel de escritura y lectura de nuestros alumnos. Los sobres no hace falta que sean tales, podéis doblar la hoja por la mitad y poner un par de gomets cerrándola. En un lado de la hoja se puede escribir el nombre.

Una sugerencia para jugar a enviar mensajes, es que los niños (a modo de actividad de ampliación) puedan escribir pequeñas notas a otros compañeros y llevarlas al buzón de los mensajes misteriosos que estará en el rincón de las letras, y reservemos un breve espacio de tiempo diario a recogerlas, entregarlas y leerlas. O podemos nombrar cada día un cartero (normalmente el encargado) que realice esta función. Sea como sea que lo hagáis, esta es una actividad que les encantará a los niños y que les motivará a escribir y leer los “mensajes misteriosos” que vayan recibiendo.

(Fuente: www.actividadesinfantil.com/archives/10192)

 

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